"¡Bueno! ¡Aquí viene Charlie Brown! ¡El bueno de Charlie Brown...! ¡Sí, señor! El bueno de Charlie Brown... ¡Cómo lo odio!"
"Quino". O "Mafalda", en su defecto. Pero creo que "Quino" fue lo primero que pensé, después de leer la primera tira del primer libro de recopilaciones de "Peanuts", tal vez (y sólo escribo "tal vez" obedeciendo a un dudoso imperativo de corrección política y también, un poco, por real ignorancia) la tira diaria más exitosa de la historia de las tiras diarias, publicada de corrido desde 1950 hasta el año 2000. (medio siglo, sí, leyeron bien).
La asociación es inmediata y no habla necesariamente mal de Quino, como pareciera. Porque, al fin y al cabo, hay que ser muy valiente, muy historietista para intentar arrimarle el bochín a esas tempranas tiras de Charles Schulz; concisas, perfectas, muchas veces bellamente absurdas, como creo que también lo son muchas tiras de Mafalda. En especial, aquellas en las que Miguelito reflexiona acerca de lo que fuere con la lógica ilógica (o antilógica) de un poeta, de un tonto o de un niño, que al fin y al cabo lo es, entregado a sus pensamientos sin inhibiciones. De esas tiras me causaba un inmenso placer notar cómo la confección tradicional del chiste se daba vuelta como las guitarras del solo de Tomorrow Never Knows (que aún no conocía, ni conocería hasta pasados bastantes años). Me gustaba tanto, me fascinaba esa rareza que intuía genial, sin saber por qué lo era, ni cómo podía serlo (no estoy seguro de saberlo ahora, tampoco, aunque tengo algunas pistas).
Leyendo a Schulz, pero ahora leyéndolo realmente, porque, claro, ya había leído sus tiras, todos las hemos leído, lo sepamos o no, pero leyéndolo ahora, les decía, descubrí placeres de otros tiempos, cosas del niño que no diría que guardo en un rincón del corazón, sino más bien que es el copiloto del adulto que me ha tocado ser, o en el que no he podido evitar convertirme, si prefieren.
Esta recopilación, la primera de un total de 25 tomos de la colección que Fantagraphics Books ha anunciado que completarán para el año 2016, es, además de muy bonita, peligrosamente adictiva. El libro completo puede leerse en unas dos horas de sesenta minutos, de acuerdo al reloj, y de sesenta segundos, de acuerdo a las leyes de la percepción.
La asociación es inmediata y no habla necesariamente mal de Quino, como pareciera. Porque, al fin y al cabo, hay que ser muy valiente, muy historietista para intentar arrimarle el bochín a esas tempranas tiras de Charles Schulz; concisas, perfectas, muchas veces bellamente absurdas, como creo que también lo son muchas tiras de Mafalda. En especial, aquellas en las que Miguelito reflexiona acerca de lo que fuere con la lógica ilógica (o antilógica) de un poeta, de un tonto o de un niño, que al fin y al cabo lo es, entregado a sus pensamientos sin inhibiciones. De esas tiras me causaba un inmenso placer notar cómo la confección tradicional del chiste se daba vuelta como las guitarras del solo de Tomorrow Never Knows (que aún no conocía, ni conocería hasta pasados bastantes años). Me gustaba tanto, me fascinaba esa rareza que intuía genial, sin saber por qué lo era, ni cómo podía serlo (no estoy seguro de saberlo ahora, tampoco, aunque tengo algunas pistas).
Leyendo a Schulz, pero ahora leyéndolo realmente, porque, claro, ya había leído sus tiras, todos las hemos leído, lo sepamos o no, pero leyéndolo ahora, les decía, descubrí placeres de otros tiempos, cosas del niño que no diría que guardo en un rincón del corazón, sino más bien que es el copiloto del adulto que me ha tocado ser, o en el que no he podido evitar convertirme, si prefieren.
Esta recopilación, la primera de un total de 25 tomos de la colección que Fantagraphics Books ha anunciado que completarán para el año 2016, es, además de muy bonita, peligrosamente adictiva. El libro completo puede leerse en unas dos horas de sesenta minutos, de acuerdo al reloj, y de sesenta segundos, de acuerdo a las leyes de la percepción.
Sin dar más vueltas: lo mejor de Peanuts, queridos lectores, es que las tiras son simplemente muy graciosas. Muy.
¿Cómo? ¿Les parece una obviedad? ¿Sí? Consigan un diario; cualquier diario sirve, mientras tenga página de historietas. Busquen dicha página y fíjense cuántas de ellas son graciosas, cuántas son tan jodidamente graciosas que se les forma una sonrisa en la cara y no pueden hacer nada por evitarlo. ¿Cuántas? No son muchas, ¿verdad? No, no señor, no son muchas.
¿Cómo? ¿Les parece una obviedad? ¿Sí? Consigan un diario; cualquier diario sirve, mientras tenga página de historietas. Busquen dicha página y fíjense cuántas de ellas son graciosas, cuántas son tan jodidamente graciosas que se les forma una sonrisa en la cara y no pueden hacer nada por evitarlo. ¿Cuántas? No son muchas, ¿verdad? No, no señor, no son muchas.

Tengo acá una lista enorme de pedidos. Vamos a empzar solamente (?) por:
ResponderEliminar-La casa Dorada de Samarkanda
-La Mazmorra
-Cualquier cosa de Guy Delisle
-El gato del Rabino
No te pido Sandman porque sé que ya debés estar sufriendo con eso.
Sandman ya salió para Palabras Transitorias. Allí está y allí se queda. Los demás títulos debo leerlos o releerlos, pero claro que tu pedido les da prioridad (!). Paciencia, todo llega. Y gracias por leer.
ResponderEliminar