martes, 16 de octubre de 2012

Doom Patrol (19-63). Grant Morrison/Richard Case (DC, 1989-1992)

"No se me ocurría ni una sola idea inteligente para detenerlo, así que tuve que recurrir a la violencia injustificada."


   No termino de decidir si debiera comenzar esta crónica hablándoles acerca de la historia en la que Robotman, Crazy Jane y Rebis (los integrantes principales de esta encarnación de la Doom Patrol) se enfrentan a un grupo sugerentemente autoproclamado: "La Hermandad de Dada", para evitar que fuercen el fin del Universo, utilizando los poderes de una pintura mística que, en principio (como para picar algo, digamos) se devora enterita a la ciudad de París, encerrándola en un laberinto, a todas claras Borgesiano, conformado por cuadros dentro de cuadros, dentro de cuadros, dentro de. 
   Mejor aún: podría comenzar contándoles acerca de la logia de seres improbables que persiguen al sabio/chanta Willoughby Kipling (un alter-ego morocho de John Constantine, nacido a la fuerza y a lo macho, porque Vertigo Comics no permitió que se utilizara al personaje original para esta historia), provenientes de una ciudad contenida dentro de uno de esos simpáticos globos nevados que se ven en las películas navideñas de Hollywood y cuyo objetivo es, sí, nuevamente, forzar el fin del Universo, invocando a un ser conocido como "Descreador", que no es otra cosa que la sombra de Dios, nacida en el momento preciso en el que, al principio de todo lo que existe, Dios dijo: "Hágase la Luz" y la luz se hizo.
   ¿Y qué tal si les hablo de los "Hombres Tijera", capaces de cortar a alguien de la realidad hacia la nada; o de Red Jack, una especie de Jack The Ripper cósmico que vive en una realidad paralela y cada cierta cantidad de años entra en la nuestra, o en otras, para cometer crímenes horrendos que lo distraigan de su tedio; o de la bella historia de amor entre un cerebro parlante preservado en un frasco y un gorila superinteligente que viste una boina roja, otrora perteneciente al Che Guevara, que le regaló el mismísimo Fidel Castro?
   Les juro que todo esto y más, tanto más y tan delirante y tan brillante que se me hace difícil de contar, todo esto sucede en los números de Doom Patrol escritos por ese escocés calvo y desquiciado que responde, cuando responde, cuando no está, como lo imagino, colgado de una nube, al nombre de Grant Morrison
   Doom Patrol es un viaje, un flor de viaje, que en una misma expedición fantástica puede nuclear a Jorge Luis Borges con Lewis Carroll, Salvador Dalí y los Smiths en un tapiz al que nunca se le notan las costuras. 
   Un viaje, un flor de viaje, como una canción perdida de Syd Barrett, dibujada en tinta de diletamida de ácido lisérgico sobre la tumba de Timothy Leary, para darles una idea.
    Un viaje, eso.

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