"¿Alguna vez volaste? ¿En el aire? ¿Con tus propios poderes? Es como esos sueños que uno tiene, pero un millón de veces mejor. No: un billón."
La historia escrita por Will Pfeifer retoma la idea principal de una historieta introducida al Universo DC durante la década de los 60's, como "Dial H for Hero", para la clásica serie "House Of Mystery", que es la de un aparato, en efecto, misterioso, parecido a un viejo dial telefónico, que contiene botones con las letras H, E, R y O. Presionándolas en el orden H, E, R, O, quien posea el aparato se transformará en un superhéroe o superheroína con poderes meta-humanos, tanto físicos como psíquicos, un traje y un nombre haciendo juego. Presionándolas en el orden inverso, vuelve a convertirse en la persona que era. La transformación es, aparentemente, aleatoria, y nunca se sabe bien en quién se convertirá, ni cuáles serán sus poderes, cuando vuelva a marcar el dial.
Durante el transcurso de los breves 22 números de la serie, el autor describe los sucesos relacionados con las distintas personas que encuentran el dial y también, lo que es aún más interesante: las consecuencias que acarrea su uso, que recuerdan bastante a los cuentos: "El diablo en la botella", de Stevenson y "La pata de mono" de W.W. Jacobs.
Se sabe: nada, tan bueno, puede ser gratis.
H.E.R.O es una historia entretenida, bien sazonada con humor, aventura y romance y con algunos giros de trama en el estilo de las mejores historias de Alan Moore, donde los héroes y los villanos no tienen pautas morales perfectamente definidas y por eso cambian constantemente de rol (en la resolución de una de las subtramas, de hecho, creo que existe un claro homenaje a una de las escenas más conmovedoras de "Miracleman", la del enfrentamiento final entre Miracleman y Johnny Bates. Bien puede ser un robo descarado, pero seamos gente de buena fe, caramba) y nunca resulta fácil anticipar lo que sucederá a continuación.
El final es fantástico, realmente, aunque no seré yo quien les cuente que el barco se hunde mientras la orquesta sigue tocando y que el asesino es el mayordomo.
El final es fantástico, realmente, aunque no seré yo quien les cuente que el barco se hunde mientras la orquesta sigue tocando y que el asesino es el mayordomo.




